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lunes, 7 de octubre de 2013

Celeste, la “esclava” que pudo huir

Tenía apenas 11 años cuando el que consideraba su novio y protector comenzó a comercializarla y explotarla sexualmente. Fue sometida a golpizas constantes, encierros en una pequeña habitación, mala alimentación e incluso actos de zoofilia.  


 "Mi pareja no era celosa, porque me dejaba estar con varios hombres”, decía Celeste, una más de las cientos de víctimas de trata y tráfico en Bolivia, la diferencia es que ella pudo huir.
Las cifras tienden a incrementarse cada año. Entre enero y septiembre de 2013, el número de denuncias por trata y tráfico en Bolivia llegó  a 243, mientras que durante toda la gestión 2012 hubo algo más de 300, según la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) y el Centro de Capacitación y Servicio para la Mujer (Cecasem).
 La entrega a un extraño
Celeste tenía  ocho hermanos, pero  uno a uno fueron  abandonando la pequeña casa de adobe donde vivían, cansados de las carencias y  la desatención de su madre,  una productora de coca que destinaba lo poco que ganaba al consumo de alcohol.
A mediados de 2008, a sus 11 años,  su madre y madrina la entregaron a un extraño recién llegado a la población de Ocobaya,  en  los Yungas de La Paz.

 "Tiene dinero y podrá mantenerla”, pensaron la madre y la madrina de la niña. "Con él podrá tener una mejor vida”.
Es así que Celeste fue llevada  a la población de Chulumani, a unos cuantos kilómetros de su casa materna.

"Soy tu novio”,  decía a Celeste el hombre de al menos 35 años,  quien a los pocos días de instalarla en su vivienda la ingresó al primer grado escolar. Sin embargo,  a las pocas semanas la niña tuvo que abandonar su educación.

El encierro
El abuso comenzó con su reclusión. "Las víctimas no tienen idea de si es de día o de noche, por el encierro al que están sometidas. Pierden el contacto con la realidad y el mundo exterior”, afirma Geovanna Heinrich, de Atención Directa a Víctimas  de Trata y Tráfico de la Organización Mundial de las Migraciones (OIM).
A principios de 2009, encerrada, con un alto grado de desnutrición y manteniendo firme la idea de que él era su pareja y la cuidaba pese a su brutal sometimiento, Celeste fue forzada a tener relaciones sexuales con cada hombre que su tratante metía a su pequeño cuarto. Uno más ebrio que el otro y pagando por anticipado los minutos que estarían con la niña que ya rondaba los 12 años.
El dolor físico y  la tristeza la empañaron cada vez más, pero a la sola intención de negarse a seguir con esa explotación, recibía palizas que hoy aún se perciben a los lejos en la piel morena de Celeste, traducidas en su mirada triste y esquiva.
Denuncias y testimonios dan cuenta que las víctimas de trata   son sometidas a través de la intimidación, el abuso y los controles psicológicos de su tratante.
"Más del 50% de la población de niñas y adolescentes víctimas de trata que atendemos es del área rural. El factor común de estas niñas expuestas a la explotación sexual es la indigencia o su extrema situación de pobreza”, explica   Ariel Ramírez, responsable de Proyecto de Atención a Niñas y Adolescentes Víctimas de Violencia Sexual Comercial de la Fundación Munasim Kullakita.

Actos aberrantes de zoofilia

Una de esas tantas noches en la que su tratante llegó en total estado de ebriedad, forzó a la niña a tener relaciones sexuales con un  animal.
Con las pocas fuerzas que le quedaban, Celeste se negó a hacerlo y entre gritos, empujones y  llanto frente al delincuente, la niña fue mordida en el cuello. Luego de la brutal agresión, Celeste empezó a desangrar,  pero tuvo que curarse sola, sin la atención y cuidados de una madre que la había olvidado y un padre que nunca conoció.
Una enorme cicatriz en el cuello es lo que queda hoy de los actos forzados  de un hombre que nunca fue capturado.
"Pese a que hay una norma, los delitos de  trata y tráfico continúan en el país y nos preocupan mucho”, expresa la delegada adjunta de Programas y Actuaciones Especiales de la Defensoría del Pueblo, Griselda Sillerico.
Huir, ¿la única opción de la víctima?
A pesar de los abusos y agresiones, Celeste mantenía un fuerte vínculo afectivo con el que  consideraba su pareja y protector, lo que se conoce  como el síndrome de Estocolmo.
Sin embargo, la dureza y persistencia de los abusos fueron  agotando a Celeste hasta que decidió escapar.
Debía aprovechar la mínima distracción de esa noche en la que rendido por el alcohol se quedó completamente dormido sin percatarse de que la puerta del dormitorio no estaba asegurada.
Nada se llevó en las manos, sólo la esperanza de salir de ese lugar y pedir ayuda. Deambuló varias horas por las calles de la población y finalmente fue llevada por algunos vecinos hasta una oficina de la Defensoría del Pueblo de la región.
"Era mi pareja y no era celoso”, repetía esta víctima de trata que, cuatro años después, lleva adelante un duro proceso de recuperación física y psicológica gracias a la  Fundación Munasim Kullakita, que traducido del aymara significa "quiérete hermanita”.

Las edades de las víctimas de trata de personas en la ciudad de El Alto, de acuerdo con estudios de la Fundación Munasim Kullakita,  oscilan entre 13 y 16 años, y los tratantes por lo general tienen rasgos "narcisistas por sentir que   tienen el poder de hacer lo que quieran por el hecho de estar pagando el precio que sea por esa menor”, asegura Ariel Ramírez, responsable de dicha instancia.
Es así que las víctimas de trata de personas son sometidas a constantes golpes, por los cambios recurrentes de ánimo de sus tratantes, que llegan al grado de la flagelación.
Empero, el tratante muestra  una personalidad amable y tranquila a la hora de abordar al cliente y realizar la transacción, cuyos montos van desde los 50 hasta los 80 bolivianos.
Las formas de identificar a una persona que es sometida y forzada a estos abusos son variables, como la falta de sus propios documentos de identidad , carencia de  dinero en efectivo  y notorias actitudes nerviosas, desnutrición y heridas o golpes, producto de un permanente abuso que llega a la flagelación...

Consejo  Regional de Defensores
Mecanismos El Consejo Andino de Defensores del Pueblo, conformado por Perú, Venezuela, Ecuador, Colombia y Bolivia, en un reciente encuentro creó una agenda para abordar y crear políticas de lucha regional contra los delitos de trata y tráfico de personas.
Red de lucha Una de las directrices del  Consejo Andino de Defensores del Pueblo es la coordinación de  políticas con las entidades consulares en cada uno de los países miembros. Además de capacitación y concienciación en sectores sociales de la región.

Investigación Se realizará una minuciosa investigación de las rutas de tráfico de personas a nivel regional. También se coordinarán controles con las instancias consulares de cada país de la región afiliado al consejo, de acuerdo con datos proporcionados por la Defensoría del Pueblo de Bolivia.

Consiguen la captura a través de otras adolescentes

En la ciudad de El Alto las redes de trata de personas implementaron nuevos mecanismos de captura de niñas y adolescentes para una posterior explotación sexual comercial. Utilizan a otras  víctimas como instrumentos de captación.
Ariel Ramírez, responsable de Proyecto de Atención a Niñas y Adolescentes Víctimas de Violencia Sexual Comercial de la Fundación Munasim Kullakita, sostiene que   las instancias policiales, estatales y no gubernamentales detectan con cierta facilidad  a  tratantes y proxenetas en las calles.   "Los delincuentes optaron por  usar a otras menores víctimas de explotación sexual comercial en situación de calle, pagándoles  para abordar a otras niñas y adolescentes en sus centros educativos, plazas o discotecas”.
Las personas elegidas como "captoras” deben aparentar una situación económica similar a la de la futura víctima.
"El mecanismo es que estas menores van a la puerta de los colegios o a las plazas e identifican a las niñas. Las  abordan y en caso de haberse faltado a clases lo que hacen es invitarles alguna bebida, así conocen su situación familiar, se ganan su confianza y la convencen para ir con ellas a otro lado, donde esperan para atraparlas y captarlas el proxeneta o tratante”, agrega Ramírez.
Lo que también hacen estas adolescentes es asistir a discotecas, donde les regalan bebidas alcohólicas, las escuchan y se hacen muy amigas; así, poco a poco, las insertan al mundo de la explotación sexual comercial.
El delito de trata  de personas, enmarcado en el artículo 6 de la Ley 263 de 31 de julio de 2012, se define como la obtención de beneficios económicos o de otra naturaleza a través de la participación forzada de otra persona en: actos de prostitución, explotación sexual y/o laboral, peores formas de trabajo infantil, formas de servidumbre, entre otros.
A partir de la promulgación de esta ley se estableció crear el Consejo Plurinacional Contra la Trata y Tráfico de Personas, con el fin de formular, aprobar y ejecutar políticas  de lucha contra esos delitos; está conformado por nueve ministerios e instancias a cargo. Sin embargo, este medio no obtuvo ninguna información del Ministerio de Justicia y dependencias del Ministerio de Gobierno.

Publicado por Página Siete

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